Trasplante de encía: ¿Cómo y para qué?

Fuera de la gingivitis y de la periodontitis aguda se habla poco de las encías. Sin embargo, éstas pueden retraerse y dejar expuestas las raíces de los dientes, lo que conlleva riesgo de caries y de hipersensibilidad. La retracción de las encías puede igualmente comprometer el aspecto estético de la sonrisa.

Dec 19, 2023 - 15:57
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Trasplante de encía: ¿Cómo y para qué?
© Getty Images

Índice

  1. Corregir y frenar la retracción de las encías
  2. ¿En qué consiste la intervención?
  3. Las primeras técnicas de trasplante de encías
  4. Trasplantes menos dolorosos y estéticos
  5. ¿Tiene contraindicaciones?
  6. Los resultados dependen de la retracción

El trasplante de encías otorga espesor y altura a las encías debilitadas, lo que frena su retracción. La intervención es, a la vez, reparadora, preventiva y plástica, ya que refuerza el tejido que sostiene y protege los dientes y restaura la sonrisa. El doctor Antoine Popelut, cirujano dentista especializado en periodontología, nos habla de la evolución de los trasplantes de encías.

Corregir y frenar la retracción de las encías

Las encías recubren la raíz de los dientes y del hueso alveolar que los mantiene en la mandíbula. El trasplante sirve para corregir y frenar la pérdida de altura o retracción. Cuando las raíces quedan “desnudas” se vuelven más vulnerables a las caries y a la hipersensibilidad dental, que puede alterar la calidad de vida. Por otra parte, los dientes parecen más largos y comienzan a aparecer espacios interdentales, rasgos poco estéticos cuando conciernen a los dientes anteriores.

La retracción de las encías está vinculada a factores que la favorecen, como la forma de los huesos alveolares, la mala posición de los dientes, las encías finas o la edad, y a los que la desencadenan, como el cepillado traumático, el bruxismo, la ortodoncia mal practicada, las coronas y los empastes mal adaptados.

La gingivitis y la periodontitis son factores desencadenantes. Sin embargo, cuando el periodonto se ve muy afectado, con una pérdida ósea importante, el trasplante de las encías no se recomienda, “porque la encía no cuenta con hueso suficiente sobre el que apoyarse”, justifica Popelut, profesor adjunto del UFR de Odontología de la Universidad Paris Diderot. “Cada situación se analiza de manera individual, teniendo en cuenta el grado de retracción, las repercusiones y el potencial evolutivo que pueda presentar.

¿En qué consiste la intervención?

El trasplante consiste en quitar un trozo de encía o paladar para cubrir con él las raíces que han quedado desnudas por la retracción. Se practica con anestesia local, en la consulta del odontólogo o en el hospital y no requiere baja laboral. La intervención se desarrolla en tres etapas: la preparación de la zona receptora, la extirpación de la encía donante y la sutura en la zona de la retracción.

Desde que empezó a practicarse esta cirugía, en los años cincuenta, son muchas las técnicas que han ido perfeccionándose. Para comprenderlas mejor es necesario comprender la constitución de la encía. “Ésta está formada de dos capas de tejido: el epitelio, en la superficie, y el conectivo, en la parte más profunda. La encía que se encuentra en la base del diente, sin estar pegado a él, es el tejido libre. Después está la encía insertada sobre la raíz y el hueso alveolar”, explica Popelut. Cuanto más débil sea la altura de la encía insertada, mayor será la urgencia con la que habrá que intervenir.

Las primeras técnicas de trasplante de encías

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Las primeras técnicas implicaron el desplazamiento de una porción de encía cercana a la retracción con el fin de cubrirla. Sin embargo, el desplazamiento resultaba menos eficaz a largo plazo que el verdadero trasplante”, explica el especialista.

Para obtener un espesor de la encía suficiente, los cirujanos dentistas pensaron en recurrir a una zona donante más generosa: el paladar. Esta técnica, llamada epitelioconjuntiva, hace que la encía insertada deje de retraerse. El resultado estético, no obstante, no es del todo satisfactorio, ya que el color del paladar y el de la encía son distintos. Además, ese tipo de intervención puede provocar dolor en el paladar, “aunque existen placas protectoras que se colocan en el lugar de la extirpación y que limitan el dolor”, matiza Popelut.

Trasplantes menos dolorosos y estéticos

Aunque las dos primeras técnicas de trasplante siguen utilizándose en algunos casos determinados, existe una tercera que las asocia: el llamado trasplante de tejido conectivo, que consiste en hacer una incisión en el epitelio del paladar para extirpar solamente el tejido conectivo. “El tejido trasplantado se coloca en la zona donde hay retracción y después se recubre con un fragmento de encías adyacente”, precisa Popelut. El epitelio del paladar se vuelve a coser para proteger la herida.

Esta técnica, menos invasiva que la anterior, provoca menos dolor, tanto en la zona donante como en la receptora. Deja menos cicatrices y otorga un aspecto idéntico a la encía adyacente. Es el método que suele utilizarse para los dientes frontales, visibles al sonreír o al hablar. Para disminuir aún más el dolor, el tejido donante puede retirarse de la zona de las muelas del juicio, siempre y cuando se hayan extirpado.

¿Tiene contraindicaciones?

Antes de la intervención:

Las contraindicaciones absolutas son relativamente raras. Como para toda cirugía, las enfermedades generales, como la diabetes, la hipertensión y sida, deben presentar constantes biológicas equilibradas. También es indispensable haber adquirido hábitos de higiene bucal correctos y no traumáticos. El doctor Popelut siempre revisa con los pacientes los materiales y las técnicas del cepillado, que debe “ser vertical, de la raíz hacia afuera, siempre con un cepillo blando y sin apoyar demasiado”.

Fumar también está contraindicado. Lo ideal es, por supuesto, haber dejado de fumar semanas antes de la intervención, ya que el tabaco disminuye las probabilidades de éxito de la cirugía. “Y que sea exitosa depende del grado de recubrimiento obtenido, que es inversamente proporcional al número de cigarrillos fumados”, detalla el dentista. Por debajo de cinco cigarrillos diarios es posible hacer la operación. Si se fuman entre cinco y diez se aconseja dejar el hábito al menos una semana antes de la intervención. Más allá de esa cantidad el trasplante tiene pocas posibilidades de salir bien.

Tras la intervención:

Durante las primeras 24 a 48 horas siguientes a la operación se aconseja aplicar hielo para limitar el dolor y la inflamación de la zona que ha recibido el trasplante. Pueden prescribirse analgésicos y antiinflamatorios. El sangrado es poco frecuente y no debe preocupar; pero si ocurre, basta con comprimir la zona con una compresa esterilizada y evitar hacerse buches que lo reactiven. Después, y durante dos semanas, hay que evitar comer y cepillarse los dientes en la zona del trasplante. Los buches disminuyen la inflamación y la formación de placas dentales. Para no dañar el trasplante, aún frágil, se desaconseja consumir alimentos demasiado calientes o duros, tirar del labio, morder objetos… El cigarrillo sigue estando prohibido.

En el mejor de los casos, la nueva encía se funde con la vieja, se une al diente y los hilos se retiran al cabo de dos semanas. El riesgo de necrosis a veces preocupa a los pacientes, “pero si éstos siguen todas las indicaciones y si la intervención se lleva a cabo correctamente, no tiene por qué ocurrir”, asegura Popelut.

Los resultados dependen de la retracción

“Los resultados del trasplante, si está bien integrado, se ven a partir de las primeras semanas”, comenta el dentista. Sin embargo, la encía continúa evolucionando durante un periodo de entre seis y doce meses, hasta producir, gracias a las últimas técnicas de trasplante, un resultado casi imperceptible”.

Las probabilidades de éxito dependen del grado de retracción: cuanto más profunda sea, más difícil será de cubrir. En la actualidad es posible cubrir completamente entre un 50% y un 70% de las retracciones. La altura media de los recubrimientos es del 75%. Para más información, puedes acudir a tu dentista habitual o contactar con la Asociación Española de Periodoncia y Osteointegración.

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